dimecres, 30 de gener del 2008

Che, 40 años no es nada (2)

Allí, en un extremo de la pista, casi equidistante entre el estadio y el almacén, frente al pequeño barracón de tejado metálico...



Sólo 4 años después, aprovechando que se celebraba el 30 aniversario de la muerte del Che y al calor de las buenas relaciones diplomáticas que mantenían entonces Bolivia y Cuba, un grupo de historiadores y antropólogos forenses cubanos, apoyados por colegas bolivianos y argentinos, excavaron la fosa. Extrajeron los restos de siete guerrilleros y practicaron las identificaciones. No fueron necesarios análisis basados en técnicas de ADN. Uno de los esqueletos, el número 2, tenía las manos amputadas y la dentadura no dejaba lugar a dudas: era el del Che. También se logró establecer la identidad de los cubanos Alberto Fernández Montes de Oca, René Martínez Tamayo y Orlando Pantoja Tamayo; los bolivianos Aniceto Reinaga y Simón Cuba, y el peruano Juan Pablo Chang. Lo que sigue es conocido. Los restos fueron llevados a Cuba, en julio, con la oposición de buena parte de la opinión pública boliviana. Al fin y al cabo, Bolivia era el país donde el Che quiso iniciar su proyecto revolucionario continental y el país donde cayó (eso no se elige). En el lugar de la fosa quedó esto (la foto es de 1998, sacada de internet):



En el aeropuerto militar de San Antonio de los Baños, los restos fueron recibidos por Fidel Castro y Aleida Guevara March, hija del Che. Meses más tarde en octubre de 1997, fueron finalmente depositados en el mausoleo de Santa Clara en una ceremonia laica que presidió Fidel Castro frente a una impresionante multitud.



Tras el notable éxito cosechado por la ciencia forense cubana y argentina, no tardaron mucho en aparecer las teorías conspirativas auspiciadas por la gusanera de siempre. A ellas prestó su apreciada pluma (me refiero a la de escribir) el inefable Vargas Llosa... pero bueno, quizá esto sea otra historia.

dimarts, 29 de gener del 2008

Mafia fascistoide

Doctor muerte. Terminator. Asesinos. Mengele. Sendero Luminoso. ¿Película gore? ¿Pesadilla? No. Son sólo algunos de los amables epítetos que cierta prensa de la considerada "seria" dedicó al Dr. Luis Montes y a su equipo del Hospital Severo Ochoa de Leganés cuando, en 2005, a raíz de unas denuncias anónimas, el entonces consejero de Sanidad de Mandril, Sr. Lamela, tomó la decisión de cesarlo en sus funciones de coordinador de urgencias.

Crímenes. Eutanasia activa. 4oo muertes. Sedaciones excesivas. Mala práxis. Todo esto era lo que pasaba. Todo sin una sola prueba. Defensa numantina de las actuaciones por parte de Esperanza Aguirre. Exabruptos sonoros de Federico, de Cristina (la tarde con), exabruptos por escrito en el tabloide de Pedro Jeta, en el de Ansón. Los métodos fascistas inevitablemente recuerdan a lo más duro de la posguerra. Una persona de recta conducta, aunque desafecta, es víctima de una denuncia anónima. El sistema, en lugar de respetar la presunción de inocencia, le suelta a los perros y organiza el linchamiento moral y el desprestigio profesional. Este es el comportamiento habitual de la mafia centrista tendencia ladrillil.

En la calle, el pueblo de Leganés se volcó en defensa de sus médicos. Manifestaciones, recogida de firmas, petición de dimisiones, cartas al director. Era de esperar. Los pacientes no son imbéciles, distinguen con nitidez al que les brinda un trato humano, a veces en circunstancias muy difíciles cuando los nervios afloran.

Tres años después, una sentencia judicial contra la que no cabe recurso restituye el buen nombre de Montes y su equipo. Nunca hubo caso. Los pacientes de cáncer se mueren de cáncer y los analgésicos sólo mitigan su sufrimiento. El concepto de dosis máxima es relativo cuando de opiáceos se trata. No hubo malpraxis.

La mafia fascistoide que gobierna la Comunidad de Mandril debe dimitir, por malpraxis. Política, para más señas.

dijous, 24 de gener del 2008

Che, 40 años no es nada.


Octubre de 1993. Vallegrande, Bolivia.

Tal vez un pequeño grupo de personas se aproxima caminando al "aeropuerto" de la ciudad. En realidad, una pista de aterrizaje de uso militar y dos barracones prefabricados de metal revestido de una patena de óxido. Las altas hierbas que ya nadie siega hablan de soledad y abandono. En las cercanías, algunas chacras de maíz y el ladrido cansino de los perros recuerdan que el lugar está habitado. El asfalto cuarteado de la pista se muestra salpicado aquí y allá de islas de tierra que el aire arrastra. El grupo avanza pesadamente a lo largo de la pista. Hace mucho calor a las 11 de la mañana y no se atisba la menor nube en el horizonte. Dentro de un mes, cuando empiece a llover intensamente, todo el departamento de Santa Cruz será un inmenso barrizal en el que habrá que adivinar el curso de las pistas de tierra, pero hoy el sol pesa como el mundo.

Tal vez formo parte del pequeño grupo y tal vez pienso que, hace 26 años, una comitiva bien diferente debió recorrer la misma senda polvorienta junto a la pista, de noche y en silencio, buscando una fosa excavada por los campesinos en un extremo, cumpliendo órdenes de los rangers. Imagino aquél grupo formado por miembros de la unidad de élite antiguerrilla entrenada en Estados Unidos, militares bolivianos y agentes de la CIA. Todos cumpliendo una última misión en este último acto de la guerra de guerrillas: hacer desaparecer para siempre los cuerpos del Che y sus seis compañeros caídos en la quebrada del Yuro en la madrugada del 7 de octubre de 1967.

Tal vez pienso en las lecturas de juventud, en las canciones, en las insignias de silueta negra sobre fondo rojo, en los castigos escolares por exhibir una foto, una bandera, en el diario que termina el día 5 de octubre transmitiendo la ausencia de novedades, en la emboscada, en las últimas horas intentando eludir el cerco, en la intensidad del combate, en el "rifle americano" que empuña el "soldadito de Bolivia", en la bala que inutiliza el fusil M1 del Che, en las heridas, en la captura, en la muerte a sangre fría.

Tal vez alguien en el grupo ha dicho que sabe dónde se encuentra la fosa, porque estaba entre los campesinos reclutados para excavarla. Puede que nos haya dicho su nombre, Eulogio Rojas, pero no sería capaz de precisarlo. Han pasado 17 años. Tal vez alguien hace algún comentario erudito, "tengo entendido que fueron 6 los cadáveres", tal vez Rojas responde con sorna, arrastrando las erres y cortando las palabras como es común entre los andinos, "siete muertitos nomás vi enterrar, doctor". Tal vez nada de todo eso importa ahora.

Tal vez en un rincón de la pista, a seis pies bajo tierra, están los huesos del Che y sus compañeros. Tal vez algunas personas dejan caer unas pocas flores silvestres, parco homenaje a aquél que nunca quiso honores. Al que entregó la cartera de ministro y la nacionalidad cubana. Al que se negó a envejecer como héroe de la revolución. Se hace el silencio y se percibe el peso del aire. Y en esos segundos interminables, hoy ya fijos en alguna parte del tiempo y la memoria, irrumpe con fuerza la frase tantas veces repetida, tantas veces leída en los graffiti de mil ciudades: "podrán segar todas las flores, pero no detendrán la primavera".

Hasta la victoria siempre, comandante.

dimarts, 22 de gener del 2008

Hooooolaaaaa....

He vuelttooooooo... estoy saliendo de un largo letarrrrrgooooooooo....

dilluns, 7 de maig del 2007

¿Dónde está Johnny Charlie The First?


Van a permitirme ustedes un chascarrillo, una pequeña veleidad, un inocente cotilleo de esos de programa malo de mediodía.

Como posiblemente saben, Johnny Charlie The First, Rey de todas las Tongas, acaba de ser abuelo por trigésimo novena vez. Este "hecho biológico", esta "incidencia demográfica" como dice mi buen amigo Anton Bayonenko, no tendría más importancia si no fuera porque el papá de la criatura es, nada menos que Felipe el Hermoso, alias "El Principito", el heredero del trono.

Con Felipín y sus niñas se asegura la continuidad de la línea dinástica de los Mormones, que llevan en el trono má o menos desde principios del siglo XVIII, cuando un ilustre antepasado de JC the First, casualmente llamado Felipe, redujo a cenizas a las últimas poblaciones rebeldes de la costa de Tonga con sus pobladores dentro. Los Mormones se han sentado desde entonces en el trono tongolés con excepción de algunos demasiado breves periodos en que brilló el sol de la República y otros más largos de oprobiosas dictaduras.

Pues como decía, nació la infantita y JC no aparecía por la clínica (que, como podrán ustedes suponer, no era un centro público). Y todo el país se preguntaba, se ve que hondamente preocupado: ¿Dónde está el Rey de todos los Tongoleses? Y claro: los programas de corazón, venga a hacer conjeturas imposibles y los tertulianos de siempre, amenazando con el apocalipsis y echando la culpa al gobierno porque si el Rey sale del país debe informar a las autoridades, ¡faltaría plus!

Total, que JC tardó varios días en aparecer y nadie sabía dónde estaba... pero yo sí!!! Resulta que esta gente, al parecer, cultivan gustos caros, cómo no, paga el erario público y ya se sabe, yates privados por aquí, caballos por allá... (A saber lo que nos cuesta a los curritos tongoleses la alfalfa de los caballos, y eso no es mas que el chocolate del loro...) Total, que aprovechando que por Tonga hay ahora unas regatillas, la crème de la crème del pijerío mundial, JC se fue a verlas cómodamente instalado en su modesto yate, el Bribón.

¿Que cómo lo sé? Pues porque el día de autos acudí a mi trabajo del puerto y pasé por el puesto de inspección donde los pikoletos te miran hasta la muela picada. Y justo delante de mi utilitario, "NO" se identificó la furgoneta que lleva la logística del barco, con el logo del Bribón bien visible en un costado. Y si estaba allí la furgoneta, digo yo que el bribón también... o por lo menos el barco.

divendres, 4 de maig del 2007

Quién se ha llevado mi cara??


Se lo comentaba esta mañana a mi amiga Aire, mientras ella, con renovado afán primaveral, se recreaba midiendo la profundidad de mis michelines.
- Aire, a tí te han quitado la identidad y a mí me han dejado sin cara...
- No somos nadie, me decía distraída, al tiempo que su mano comprobaba los estragos de la última temporada invernal.
Todo esto viene a lo que viene. Este amable servidor que tan gentilmente nos cede unos octetos de ciberespacio ha decidido implementar mejoras técnicas. Puede o no gustarnos el progreso, pero todos estamos abocados a él... así que me decidí a actualizar la servilleta en la que escribo.
Resultado: desapareció mi perfil y mi imagen. El perfil no me costó recuperarlo: uno es lo que es y no hay más que lo que ves. La cara ya no.
Vamos a ver: sé que empleo una foto de baja calidad, que es antigua (ahora soy más viejo) y que para más inri, es una foto en blanco y negro digitalizada. Pero a mí me gusta así, porque me permite observar sin mostrarme demasiado, o apenas, entre las sombras.
Hoy la he recuperado, gracias a Ferfo, aunque él no lo sabe. Entre los cajones y el polvo de sus miles de posts estaba allí, tímida y discreta.

dimarts, 3 d’abril del 2007

Serie: vidas de santos. Nº 2: Rafeta, poeta.

Rafael Ferrer no es, ciertamente, un santo al uso. Bajo su apariencia de buen chico se esconde una mente enferma, un criminal dotado de una eficacia aterradora. Mírenlo: su angelical cabello rubio, su cálida sonrisa, su gesto distendido. Pero dejemos la superficie y fijémonos en lo profundo de su mirada: verán un destello salvaje de predador selvático, sentirán en su nuca el aliento de la bestia un segundo antes de la dentellada mortal. Un brillo animal que nos retrotrae a bosques fragantes, a madreselvas, a graznidos de aves carroñeras, a amaneceres fríos y páramos brumosos.

De Rafael sorprende su aguda intuición, cierta disposición especial a ver más allá que, sin duda, alguna vez debe haberle salvado el pellejo en un duelo a muerte. Clarividencia que denota su origen sobrehumano, porque probablemente Rafael fue un demonio en alguna vida anterior. Si se sigue portando tan mal es probable que la próxima vez sea un wolf y se vea obligado a cazar para sobrevivir en alguna estepa remota. ¡No menciones a Hesse en mi presencia! - diría él. En realidad todo esto no son más que conjeturas y Rafael las rechazará tajantemente: nadie como él siente tanta aversión por los sistemas filosóficos orientales, esos que nos hacen vivir innumerables vidas encadenadas: justo castigo por ser tan tozudos, por negarnos a aprender.

Rafael es soltero. Es probable que muchas señoritas (y algunos caballeros) se sientan atraídas por su sex appeal animal. Quisiera, no obstante, advertirles: no intenten nada o caerán bajo la rueda. (Cielos, Hesse otra vez). La vida amorosa de Rafael es una sucesión de episodios lamentables. Tanto es así que el célebre novelista checo Milan Kundera se inspiró en ellos cuando escribió su "Historia de los amores ridículos". Madres conscientes, cuidado con vuestras hijas: un lobo anda suelto.

Oculto tras su inocente disfraz de brillante médico, Rafael espera y vigila: su próximo golpe está cerca.

El túnel


El túnel es largo, corto, inabarcable, gélido, recto, sinuoso, oscuro, bien iuminado, húmedo, lóbrego, terrible; amplio, angosto, ignoto, breve, denso, interminable, frío, sofocante. El túnel es todo esto y mucho más, de lo cual se deduce que no hay dos túneles iguales. El túnel, como metáfora, tiene una potencia evocadora prácticamente inextinguible. Muchos autores se han apoyado en él para distintos fines; entre ellos está uno de mis favoritos, Ernesto Sábato, maestro irrepetible de una visión pesimista de la vida. Pero no, no quiero hablar de literatura, sino de símbolos.

El túnel es mucho más que un recurso poético. El túnel representa la conceptualización del antes y el después. Transmite la idea del cambio y de paso también, la de la incertidumbre del después. He dicho que no hay dos túneles iguales, pero todos comparten, al menos dos cosas: tienen entrada y salida. Aunque cuando entramos muchas veces no la vemos, la salida existe. Si nos adentramos en el túnel un día luminoso, de tibia primavera, ¿quién nos garantiza que a la salida no es una gélida borrasca lo que nos está esperando? El tunel, como pocas construcciones humanas, representa al cambio y al miedo al cambio.

Ettore Hag, desde el túnel.

Curioso blog.

Por si a alguien le llama la atención, esta es la versión francesa de "mujeres al borde de un ataque de nervios".

http://leroseetlenoir.blogspot.com/

CODA

DIMARTS 3 D'ABRIL, 19:00 HORES: MANIFESTACIÓ DESDE LA ESTACIÓ DE JESÚS A LA PLAÇA DE LA MARE DE DÉU.

dilluns, 2 d’abril del 2007

Solidaridad con los afectados del metro

Imagínense que un día aciago, un convoy de metro tiene un accidente. Imagínense que 43 personas mueren y otras tantas quedan gravemente heridas. Imagínense que, de toda la red de metro de la ciudad, el accidente afecta a una línea que conecta el centro urbano con ciudades dormitorio en las que vive la clase trabajadora. Imagínense, ¡qué casualidad! que en esta línea de metro, la más antigua, se ha cebado la falta de mantenimiento y la desinversión en equipamiento social, que es el rasgo más notable del gobierno regional. Imagínense que los sufridos usuarios de la línea se han quejado en infinidad de ocasiones de retrasos, fallos de seguridad, masificación, descarrilamientos. Imagínense que nadie les ha hecho caso. Imagínense a 43 familias destrozadas.

Imagínense que nadie asume ningún tipo de responsabilidad política por la tragedia, que nadie dimite. Imagínense que el presidente no recibe a los representantes de los afectados. Imagínense que nadie se siente aludido una vez que ha quedado probado de manera fehaciente que con una inversión de 3.000 euros en balizas se habría evitado el accidente. Imagínense que este gobierno local ha construido obras faraónicas con un sobrecoste astronómico y no pocas comisiones. Imagínense que nadie sabe todavía lo que ha costado la visita del Papa. Imagínense que paralizar la ciudad entera y crear un caos infernal para que un campeón de fórmula 1 se de un par de vueltas cuesta cientos de veces más que lo que costaban las balizas que hubiesen evitado el accidente de metro. Imagínense que las autoridades le encaloman el marrón al conductor del convoy, que está muerto. Se cierra así el ciclo de la tragedia griega. Imagínense a 43 familias destrozadas.

Imagínense que esa panda de babosos, demagogos, corruptos, mentirosos, cínicos, golfos y golfistas, hipócritas, regatistas, gente guapa, chorizos de guante blanco, buitres, centristas de pacotilla, casposos, especuladores, comisionistas, ignorantes, falleros, liberales de boquilla, golpistas, clientelistas, lloricas, fariseos, carroñeros exquisitos y pedigüeños le piden el voto, como cada 4 años, para luego olvidarse de ustedes y sus problemas, de las amas de casa, de las madres trabajadoras, de los vagones de metro abarrotados, de los servicios tercermundistas, de la falta de guarderías, de la masificación en las consultas médicas, de las escuelas es barracones, de los enfermos crónicos, de la escalada de precios de la vivienda. Imagínense a 43 familias destrozadas.

Imagínense que los afectados y sus familias deciden no rendirse.
Imagínense que cuando les pisotean siempre les queda un atisbo de dignidad.
Imagínense que las víctimas necesitan solidaridad y que ni Rajoy, ni Acebes ni Zaplana, ni siquiera la AVT va a acudir.

MARTES 3 DE ABRIL, 19:00 HORAS: MANIFESTACIÓN DESDE LA ESTACIÓ DE JESÚS A LA PLAÇA DE LA MARE DE DÉU.

divendres, 30 de març del 2007

Serie: vidas de santos. Nº 1: Vanessa, dinamitera.


Rosario, dinamitera.


Rosario, dinamitera.
Sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.

Era tu mano derecha
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones,
el anhelo de la mecha.






Valgan estos versos inmortales de Miguel Hernández para honrar la memoria de Santa Vanessa Huguet, que pronto nos dejará otra vez, convencida como está de que el horizonte queda lejos y es preciso esforzarse para alcanzarlo.
Vanessa es enfermera, dinamitera, mujer, impulsiva, sindicalista, fallera, quisqullosa, rebelde y muchas más cosas. También es mi amiga, pero esto es sólo una anécdota.
Congelada en la estampita piadosa, su franca sonrisa brilla con luz propia. El humo de los incendios detrás, la mecha en la mano. Su tosco pañuelo al cuello. Feliz y despeinada.
Así queremos recordarte, Vanessa. Decidida, valiente. Siempre dispuesta a ayudar al compañero en apuros. Siempre capaz de llegar más allá. Implacable con la injusticia.
Vanessa es guerrera, honrada, irritante, currante y tiene mucho genio.
Creo haber dicho que es mi amiga.

Salud, Vanessa.

dijous, 29 de març del 2007

Serie: misterios tediosos. Nº 1: el atasco.


Ocurre que llueve poco en Tonga. Claro, es una isla tan alejada de todo que ni los vientos húmedos llegan. Así que del correo mejor ni hablamos.
Llueve poco en Tonga, pero cada vez que llueve, el temporal suele durar días. En ocasiones, la violencia de las aguas es tal que se producen riadas y desastres.
Hasta aquí, nada anormal. Llega la lluvia, descarga, arrasa y hasta el lustro que viene. Pero hay efectos de la lluvia que la mente humana no llega a poder explicar. Menos aún la tongolesa. Efectos que, sin miedo a exagerar, podríamos calificar de paranormales. Como soy de natural escéptico prefiero hablar de misterios. Misterios tediosos. Ahí va el número 1 de esta nueva serie.

¿Porqué cuando llueve, así sea unas gotitas, las carreteras de Tonga se muestran incapaces de absorber un flujo normal de coches? Veamos. No es cierto que haya más automóviles circulando. Hay los mismos. Por lo menos, los habituales dado el lugar y la hora. ¿Qué tienen unos pocos litros de agua sucia para lograr que los curritos tongoleses lleguemos tarde al trabajo?
Se han barajado muchas hipótesis pero ninguna ha logrado comprobarse fehacientemente. Hay quien dice que el asfalto de Tonga es esponjoso y la lluvia incrementa su viscosidad, de manera que los coches se quedan prácticamente pegados a su superficie. Otos piensan que, como buena conductora que es, el agua capta todo el fluido eléctrico de los semáforos y estos se apagan. Entonces aparecen los guardias urbanos y ahí sí que la hemos cagado, maestro. Incluso he oído decir que los japosesitos que viven en los tubos huecos de los quitamiedos se ponen tan contentos con el agua que salen a pescar, y con las cañas ponen la zancadilla a las ruedas.
Hipótesis, conjeturas, suposiciones. Nada que explique la realidad convincentemente. Así que, convendrán conmigo que esto es un misterio. Un misterio tedioso. El primero de la serie.
Hasta mañana, sufridores.

dijous, 28 de desembre del 2006

Queréis respuestas??

Hola queridos y queridas, ya falta menos... Empiezo a tener ganas de mandar alguna cosita, de responder a algún comentario.

Cómo va tu historia, Desalmada? Y tú, Ferfito? Tengo la impresión de que nuestra postergada fiesta del viernes no acabó de disipar demasiado las brumas... y no sólo porque lloviera.

Usuario anónimo, se me ocurre que sabes demasiado de mí, así que no debes ser tan anónimo... Mmmm... Déjame pensar... No será que tú también escuchas a Federico? Votante pepero ya sabes que no... Yo estoy más por la biodiversidad, y aquí en Tonga las gaviotas son la especie más abundante... Bien lo sabes tú, canalla, que para eso cobras del enemigo! Te conozco, bacalao... Se empieza aceptando un carguito y se acaba vistiendo camisa a cuadritos y corbata azúl... con una varonil pulserita de colorines, eso sí!! Je, je...

En cambio tú, Norte, sí que me desconciertas... La verdad es que no caigo. Alguna pista más?

dijous, 9 de novembre del 2006

Queridos lectores y lectrices, estimados amigos.

No me pasa nada del otro jueves.
Sólo es que estoy en fase de trastorno mental transitorio, por razones más bien prosaicas.
Pronto volveré con nuevas aventuras.
Besos

dimecres, 27 de setembre del 2006

Te ha tocado (VI)

Ettore Hag pide mil disculpas a sus amables y sufridos lectores y lectrices por la extenuante espera.

Debe ser casi de noche en las afueras del buque cuando, a través de sus tripas, acompañado de Oleg G. me dirijo a la cámara frigorífica. La cámara se encuentra cerca de la cocina, porque en un mercante esta pieza suele destinarse a guardar comida congelada, más que cadáveres. A estas alturas, con una duda más que razonable sobre una hipótesis infecciosa, he decidido no montar el numerito dentro del barco y prescindir del traje de astronauta. Por lo menos me pongo guantes, mascarilla y botas, así que a los marineros que me observan con expresión curiosa debo de parecerles de todas maneras un marciano.
Paso por las cocinas. Resisto la tentación de hacer una inspección. Por lo menos, el olor de la cena en preparación es muy agradable. Algunos habitantes de ese monstruo de acero que es un buque de carga esperan ya sentados en las desvencijadas mesas del comedor.

Siempre acompañado por Oleg, que en esta película hace de Igor, el de Frankenstein, llego frente a la cámara frigorífica. Se supone que está sellada desde que colocaron en ella el cadáver de Sasha K. pero el realidad el único "sello" de la puerta es un recorte de papel con unas letras escritas a mano en cirílico. "Cámara sellada. Como si queréis poner el papelín cinco minutos antes de que yo suba al barco, igual da". Un ágil giro de la pesada manivela metálica y la cámara se abre desgarrando el "sello". En su interior, tumbado en el suelo y tapado con una manta, encuentro el cadáver de Sasha K. Los de "Las Cavernas" seguro que escribirán "el cadáver sin vida". Ultracongelado en alta mar, como los langostinos de esa afamada firma tongolesa llamada Pescamona, Sasha K. esboza una mueca burlona. Busco señales. No veo nada extraño en la piel; en cuanto a las mucosas, mejor lo dejamos estar, porque a -18ºC el cuerpo es un bloque de hielo. Trabajo para el forense, aunque cada vez estoy más por la hipótesis de abdomen agudo.

Regresamos al puente de mando. El capitán me ve llegar no sin cierta ansiedad. "A ver si vamos a poder desembarcar o no."

- Master, le digo por nuestra parte está todo en orden. Tienen ustedes la autorización para desembarcar y para que suban personas a bordo. Pueden descargar las mercancías cuando lo consideren oportuno. En cuanto al cadáver de Sasha K. imagino que el juez y el forense deben haber llegado ya. Ellos se harán cargo.

- Harasho, harasho, dice el capitán visiblemente aliviado. Y añade: "tómese una copa con nosotros".

Se la acepto. Spasiva. De la pequeña nevera de la sala de reuniones sale una botella de vodka bien fría. "Has dado en el clavo, colega". Tomamos un vaso, brindamos y lo vaciamos, como les gusta hacer a los eslavos. Cuando trabajaba en el Cáucaso, a veces me recibían por la mañana con café y bombones y cómo no, la omnipresente vodka. El primer chupito entra bien. El segundo mejor. El tercero ya no lo notas. Cuando quiero darme cuenta, estoy charlando animadamente con el capitán y el primer oficial, el que hace de Igor. Brindamos por la travesía, por el mar, por Ucrania, por Tonga, por la familia, por las mujeres, por el difunto.

- Harasho, harasho, kapitansky, digo con voz trémula. Brindo por el tavarich Sasha, buen trabajador y buen marido, gran amigo de la tripulación. приветствия!

Mis palabras en ruso deben sonar convincentes. Aprovecho el momento de distensión para ponerme de pie, agradecerles su hospitalidad y tomar el camino de la salida. Me despiden efusivamente y me regalan un par de botellas de ése elexir de la eterna juventud que es el vodka, como recuerdo de mi visita al Konstantin. Me acompañan a la salida, harasho, harasho. La escalerilla baila cuando la piso, y es extraño, porque en los puertos no suele haber oleaje.

A pie de escalerilla, las botellas tintinean hábilmente camufladas dentro del traje de astronauta, que está guardado en su bolsa. El forense me observa con mal semblante cuando bajo. He tardado mucho, y voy pedal. Pongo cara de póker y me dirijo a la juez:

- Todo en orden. Descartamos cualquier causa infecciosa en el fallecimiento del tripulante. Ninguna restricción por lo tanto en el tránsito de bersonas y bercancías. Y al forense, con chunga: "todo tuyo".

Los becarios de Las Cavernas aún siguen allí.

- ¿De dónde viene el barco?
- De muy lejos.
- ¿Qué transporta?
- Mercancías.
- ¿De qué ha muerto el marino?
- Eso, el forense.

De vuelta a casa, en el coche, voy rogando a San Karl Marx y San Friedrich Engels que no me hagan soplar. La legislación de tráfico se ha endurecido mucho en Tonga. Los agentes de tráfico, que aquí se llaman Pikoletos, disfrutan poniendo multas. En el coche, lentamente al principio, y luego ya con más firmeza, se escucha aquélla vieja canción, "La unión eterna de repúblicas hermanas". Apago la radio, pero la canción no se va. Al final deduzco que soy yo, que estoy en fase de cantos regionales soviéticos.

dimarts, 5 de setembre del 2006

Te ha tocado (V)

(Viene de...)

Pido al capitán la documentación del barco, los certificados sanitarios, las desratizaciones, la hoja de ruta con las distintas escalas y su duración. El capitán, solícito, encarga a Oleg G., su primer oficial, fotocopia de todas las cosas y me las va entregando una por una, no si antes ponerles de manera ruidosa el sello de la empresa. Aparentemente, todo en orden.

El buque ha realizado más de diez escalas en África en el último mes, pero por supuesto nadie ha bajado. Lo dicho: ni banquetes, ni borracheras, ni putas.
- África -dice el capitán- nos da mucho miedo. Los puertos están oscuros de noche. Mucha delincuencia. Nunca bajamos. Sólo desembarcamos en Europa.
- Ya. Y me imagino que tampoco han tenido ningún caso de enfermedad infecciosa con fiebre o erupciones cutáneas durante la travesía, ¿verdad? ("A tí te lo voy a decir", debe pensar el amigo).
- No, claro que no. Ni una simple gripe.

La encuesta epidémica se salda con un buen ramillete de rotundos noes. Hasta aquí nada de particular. Pero observo que el capitán ha enviado sucesivos informes del caso y me pregunto -le pregunto- porqué.
- Es que tras el fallecimiento de Sasha K. yo redacté un primer informe que no recogía los testimonios de algunas personas y por eso lo tuve que rectificar.
- Ya. Hasta cuatro veces. (Capullo: no sólo has hecho cuatro informes sobre lo mismo, sino que encima los has enviado uno tras otro).
- Bueno, usted sabe, este buque es muy grande, trabajamos veintisiete personas en él y no todos nos vemos a diario... Algunos vinieron a contarme cosas cuando ya había informado a la naviera.

Hay otro detalle curioso. Al parecer, los síntomas que condujeron a la muerte a Sasha K. se iniciaron estando todavía atracados en Bicholandia. Según la versión 3 del informe cuádruple, los compañeros le preguntaron si requería ayuda médica y él les dijo que no hacía falta. Los síntomas eran de tipo digestivo y no cedieron con la medicación habitual. Tenía estreñimiento, porque alguno de sus inspirados compañeros le puso un enema. Mmmm... Pudo sufrir cualquier causa de abdomen agudo y el enema lo acabó de "arreglar". ¿Qué ocurriría si, en un buque de carga con un plan de escalas y tareas montañoso y unos tiempos draconianos se declarase un caso de abdomen agudo en alta mar? ¿Regresarían a puerto para poder hospitalizar al marino enfermo? ¿O seguirían adelante, confiando en los hados favorables?
- Capitán, en su informe dice que fotografiaron el cadáver de Sasha K. tal y como lo encontraron, sentado en su camarote. ¿Podría ver las fotos?
- Claro. Las guardé en mi ordenador.
El capitán, muy diligente, enciende su portátil en el que ha guardado las imágenes digitales del tripulante fallecido. Cuando se inicia, en el escritorio aparecen las fotos de unas rollizas chicas rubias en traje de Eva. Aparentemente contrariado, el capitán trata de tapar la pantalla con su cuerpo, disimuladamente, mientras su primer oficial se parte de risa.
En las fotografías, el cadáver de Sasha K. se muestra sentado en una butaca, como dice el informe que lo hallaron, en un equilibrio imposible. No hay que ser un lince para darse cuenta de que la escena ha sido cuidadosamente preparada "post mortem". "Este cadáver estaba en posición de decúbito, vulgo acostado. Sí que os debe de haber costado que aparezca sentado, cabrones".
Por último, pido que me enseñen el cuerpo de Sasha K.

(Seguirá, palabra).

dijous, 31 d’agost del 2006

Te ha tocado (IV)


(Viene de donde ya sabéis)

El día y hora en que atraca el buque, pertrechado con el traje de astronauta y sus complementos, me presento en el puerto. Es verano y son las siete de la tarde. Los pocos trabajadores que quedan están recogiendo el chiringuito. Hace calor y el aire pesa como una losa. Huele a pescado. Mejor dicho, huele a pescadería. Puedo admitir, incluso me gusta, el olor del pescado a la parrilla, pero detesto el olor a pescadería. Me dirijo al muelle donde el Konstantin II lleva un par de horas. Han abierto las compuertas y han sacado la pasarela, pero aparentemente nadie ha pisado tierra. Observo con satisfacción que han aplicado el protocolo y han izado bandera amarilla.

A pie de escalerilla, me abordan dos soñolientos becarios de ese abyecto y panfletístico periodicucho local llamado "Las Cavernas - Diario Decano de la Región Tongolesa". Trato de ser amable.
- ¿Eres de Sanidad?
- Sí. (Admiro tu perspicacia, tu infalible instinto periodístico, bonita: ése don natural que te lleva a deducir que un tipo cargado con un traje de astronauta, en un puerto fantasma, a pie de escalerilla de un barco en el que se ha declarado una alarma sanitaria no es el chico del cátering).
- ¿De dónde viene el barco?
- De África.
- ¿Qué trae?
- No lo sé.
- Y el marinero, ¿de qué ha muerto?
- Tampoco lo sé.
- ¿Vas a autorizar el desembarco?
- Te lo diré cuando baje.

Subo por la escalerilla y me dirijo a un marinero que, pertrechado con casco y traje de faena, observa distraído el muelle desierto. Le pregunto por el capitán. Antes de que le de tiempo a responder (o tal vez es que no me ha entendido), un tipo rechoncho y rubio vestido de capitán desciende de la zona de carga, con cara de perro. Lleva dos horas en puerto y se le adivinan las ganas que tiene de que le dejen empezar a descargar de una vez.
- Who are you?
- Doctor Hag, from the Ministry of Health. Le tiendo la mano cordialmente.
El capitán dulcifica su gesto y me acompaña hasta la sala de reuniones, que es contigua al puente de mando. Subimos en un ascensor cochambroso. "Lo revisarán, supongo" me digo, porque los cartelitos en caracteres cirílicos no me lo aclaran.
La sala de reuniones es un espacio confortable. Está dotada de aire acondicionado. La decoración, tan pasada de moda como cabría esperar. Láminas de madera en las paredes, moqueta verde y pósters grandes de monumentos de Ucrania y otros que han quitado con muy buen criterio antes de que llegue yo, pero cuyo rastro se aprecia en la pared.
El capitán me ofrece refrescos, cerveza o lo que quiera. No, muchas gracias, Es mejor que entremos en materia ya.

(To be continued)

dimecres, 30 d’agost del 2006

Te ha tocado (III)

(Viene de "Te ha tocado II", como el avezado lector habrá averiguado sin duda)

Vamos a ver. El día 7 de agosto, San Cayetano, zarpa un buque de carga del puerto de Chungo-Chungo, en Bicholandia, África occidental. A las pocas horas, ya en alta mar y rumbo a Tonga, un marinero se pone enfermo, al parecer con molestias intestinales. Pese a los atentos cuidados que le dispensa la tripulación, fallece a las pocas horas de zarpar. El primer oficial le encuentra muerto en su camarote, sentado en una butaca. Fotografían el cadáver, sellan el camarote y lo llevan a la cámara frigorífica, que queda también sellada. Avisan a la compañía propietaria del buque, a la aseguradora y anotan todo en la bitácora. El fallecido es electricista, tiene cincuenta y tantos años, no se le conoce enfermedad previa, no se medicaba, llevaba 4 años trabajando en el mismo barco. La tripulación es ucraniana y el barco navega bajo pabellón de conveniencia. Mmmm....

Buena ensalada. Consulto rápidamente mi memoria. Bicholandia: estado precario de África occidental. Compañías multinacionales semipiratas saquean los recursos naturales del país, con la bendición de una corrupta clase política local. El 90% de la población vive en la miseria y a merced de la policía y otras sanguijuelas, de guerrillas sanguinarias y de todo un elenco de enfermedades tropicales de lo más variopinto. No está mal. Malaria, dengue, fiebre de Lassa, Ébola, enfermedad del sueño... La verdad es que hay donde elegir.

El capitán asegura que nadie ha desembarcado en ningún puerto africano. Pero lo cierto es que llevan un par de meses de viaje, desde mediados de junio, y han ido subiendo cargas en distintos puertos... Después de mucho tiempo en el mar, a quién no le apetece estirar las piernas... Venga, total el barrio está muy cerca, sólo será una copa y hasta mañana no zarpamos... El capitán asiente a regañadientes, se lía la cosa y la fiesta acaba de madrugada, cuando el grumete vomita el vodka en el escote de la putilla que intenta cerrar el negocio y aparecen los gorilas del garito y veinte de sus primos. Imagino que el círculo se cierra, los marinos pagan y se largan apresuradamente, a la inglesa, y al gilipollas del grumete lo llevan hasta el barco a collejas.

El buque zarpa al amanecer y el telegrafista comunica al capitán que Sasha, el electricista, se ha quedado durmiendo porque está enfermo. El capitán le contesta de malos modos que él también tiene resaca, le duele todo y sin embargo ahí está en el puente de mando, digiriendo, perdón, dirigiendo la maniobra.

Pero bueno Ettore, no adelantemos acontecimientos... Vayamos al barco, que es lo que toca ahora.

Te ha tocado (II) Perdón por la espera!!

(Viene de la entrada anterior)

Una vez que lo ha endulzado convenientemente y le ha encontrado un envoltorio atractivo, mi jefa entra de lleno en el asunto.

- Verás Ettore, la cuestión es que llega un barco que ha hecho escala en Bicholandia y traen un muerto a bordo. Sabes que en estos casos el personal del Ministerio debe hacer una encuesta de riesgos sanitarios antes de autorizar el desembarco...
- Conozco el protocolo.
- ¡Bien! De eso se trata. (Con un poco de jabón el marrón se desliza mejor). Eres la persona idónea para esa encuesta por tus conocimientos y experiencia, y bla, bla bla.
- Entiendo. Dame toda la documentación y díme cuando y dónde.
- Pues bien, el barco salió a principios de mes de un puerto de Bicholandia, como te digo. A las pocas horas de abandonar tierra africana, murió un marinero. La consignataria ha estado en contacto con el capitán y éste asegura que la muerte se ha debido a causas naturales. Añade que ningún miembro de la tripulación llegó a desembarcar en Bicholandia, ni tampoco en ningún otro puerto africano. Introdujeron al muerto en la cámara frigorífica del buque y siguieron rumbo a Tonga, para desembarcar un cargamento de madera.
- Ya.
- Y el barco arribará mañana a las 3 de la tarde, aproximadamente. Nadie podrá desembarcar hasta que no llegues tú y descartes cualquier riesgo epidémico a bordo.
- Allí estaré.
- Gracias! No esperábamos menos de tu profesionalidad y alto sentido de la responsabilidad. Te has ganado unas cervezas.
- Vale, me conformo con que el estado tongolés siga pagándome el sueldo a fin de mes.