dilluns, 7 de maig del 2007

¿Dónde está Johnny Charlie The First?


Van a permitirme ustedes un chascarrillo, una pequeña veleidad, un inocente cotilleo de esos de programa malo de mediodía.

Como posiblemente saben, Johnny Charlie The First, Rey de todas las Tongas, acaba de ser abuelo por trigésimo novena vez. Este "hecho biológico", esta "incidencia demográfica" como dice mi buen amigo Anton Bayonenko, no tendría más importancia si no fuera porque el papá de la criatura es, nada menos que Felipe el Hermoso, alias "El Principito", el heredero del trono.

Con Felipín y sus niñas se asegura la continuidad de la línea dinástica de los Mormones, que llevan en el trono má o menos desde principios del siglo XVIII, cuando un ilustre antepasado de JC the First, casualmente llamado Felipe, redujo a cenizas a las últimas poblaciones rebeldes de la costa de Tonga con sus pobladores dentro. Los Mormones se han sentado desde entonces en el trono tongolés con excepción de algunos demasiado breves periodos en que brilló el sol de la República y otros más largos de oprobiosas dictaduras.

Pues como decía, nació la infantita y JC no aparecía por la clínica (que, como podrán ustedes suponer, no era un centro público). Y todo el país se preguntaba, se ve que hondamente preocupado: ¿Dónde está el Rey de todos los Tongoleses? Y claro: los programas de corazón, venga a hacer conjeturas imposibles y los tertulianos de siempre, amenazando con el apocalipsis y echando la culpa al gobierno porque si el Rey sale del país debe informar a las autoridades, ¡faltaría plus!

Total, que JC tardó varios días en aparecer y nadie sabía dónde estaba... pero yo sí!!! Resulta que esta gente, al parecer, cultivan gustos caros, cómo no, paga el erario público y ya se sabe, yates privados por aquí, caballos por allá... (A saber lo que nos cuesta a los curritos tongoleses la alfalfa de los caballos, y eso no es mas que el chocolate del loro...) Total, que aprovechando que por Tonga hay ahora unas regatillas, la crème de la crème del pijerío mundial, JC se fue a verlas cómodamente instalado en su modesto yate, el Bribón.

¿Que cómo lo sé? Pues porque el día de autos acudí a mi trabajo del puerto y pasé por el puesto de inspección donde los pikoletos te miran hasta la muela picada. Y justo delante de mi utilitario, "NO" se identificó la furgoneta que lleva la logística del barco, con el logo del Bribón bien visible en un costado. Y si estaba allí la furgoneta, digo yo que el bribón también... o por lo menos el barco.

divendres, 4 de maig del 2007

Quién se ha llevado mi cara??


Se lo comentaba esta mañana a mi amiga Aire, mientras ella, con renovado afán primaveral, se recreaba midiendo la profundidad de mis michelines.
- Aire, a tí te han quitado la identidad y a mí me han dejado sin cara...
- No somos nadie, me decía distraída, al tiempo que su mano comprobaba los estragos de la última temporada invernal.
Todo esto viene a lo que viene. Este amable servidor que tan gentilmente nos cede unos octetos de ciberespacio ha decidido implementar mejoras técnicas. Puede o no gustarnos el progreso, pero todos estamos abocados a él... así que me decidí a actualizar la servilleta en la que escribo.
Resultado: desapareció mi perfil y mi imagen. El perfil no me costó recuperarlo: uno es lo que es y no hay más que lo que ves. La cara ya no.
Vamos a ver: sé que empleo una foto de baja calidad, que es antigua (ahora soy más viejo) y que para más inri, es una foto en blanco y negro digitalizada. Pero a mí me gusta así, porque me permite observar sin mostrarme demasiado, o apenas, entre las sombras.
Hoy la he recuperado, gracias a Ferfo, aunque él no lo sabe. Entre los cajones y el polvo de sus miles de posts estaba allí, tímida y discreta.

dimarts, 3 d’abril del 2007

Serie: vidas de santos. Nº 2: Rafeta, poeta.

Rafael Ferrer no es, ciertamente, un santo al uso. Bajo su apariencia de buen chico se esconde una mente enferma, un criminal dotado de una eficacia aterradora. Mírenlo: su angelical cabello rubio, su cálida sonrisa, su gesto distendido. Pero dejemos la superficie y fijémonos en lo profundo de su mirada: verán un destello salvaje de predador selvático, sentirán en su nuca el aliento de la bestia un segundo antes de la dentellada mortal. Un brillo animal que nos retrotrae a bosques fragantes, a madreselvas, a graznidos de aves carroñeras, a amaneceres fríos y páramos brumosos.

De Rafael sorprende su aguda intuición, cierta disposición especial a ver más allá que, sin duda, alguna vez debe haberle salvado el pellejo en un duelo a muerte. Clarividencia que denota su origen sobrehumano, porque probablemente Rafael fue un demonio en alguna vida anterior. Si se sigue portando tan mal es probable que la próxima vez sea un wolf y se vea obligado a cazar para sobrevivir en alguna estepa remota. ¡No menciones a Hesse en mi presencia! - diría él. En realidad todo esto no son más que conjeturas y Rafael las rechazará tajantemente: nadie como él siente tanta aversión por los sistemas filosóficos orientales, esos que nos hacen vivir innumerables vidas encadenadas: justo castigo por ser tan tozudos, por negarnos a aprender.

Rafael es soltero. Es probable que muchas señoritas (y algunos caballeros) se sientan atraídas por su sex appeal animal. Quisiera, no obstante, advertirles: no intenten nada o caerán bajo la rueda. (Cielos, Hesse otra vez). La vida amorosa de Rafael es una sucesión de episodios lamentables. Tanto es así que el célebre novelista checo Milan Kundera se inspiró en ellos cuando escribió su "Historia de los amores ridículos". Madres conscientes, cuidado con vuestras hijas: un lobo anda suelto.

Oculto tras su inocente disfraz de brillante médico, Rafael espera y vigila: su próximo golpe está cerca.

El túnel


El túnel es largo, corto, inabarcable, gélido, recto, sinuoso, oscuro, bien iuminado, húmedo, lóbrego, terrible; amplio, angosto, ignoto, breve, denso, interminable, frío, sofocante. El túnel es todo esto y mucho más, de lo cual se deduce que no hay dos túneles iguales. El túnel, como metáfora, tiene una potencia evocadora prácticamente inextinguible. Muchos autores se han apoyado en él para distintos fines; entre ellos está uno de mis favoritos, Ernesto Sábato, maestro irrepetible de una visión pesimista de la vida. Pero no, no quiero hablar de literatura, sino de símbolos.

El túnel es mucho más que un recurso poético. El túnel representa la conceptualización del antes y el después. Transmite la idea del cambio y de paso también, la de la incertidumbre del después. He dicho que no hay dos túneles iguales, pero todos comparten, al menos dos cosas: tienen entrada y salida. Aunque cuando entramos muchas veces no la vemos, la salida existe. Si nos adentramos en el túnel un día luminoso, de tibia primavera, ¿quién nos garantiza que a la salida no es una gélida borrasca lo que nos está esperando? El tunel, como pocas construcciones humanas, representa al cambio y al miedo al cambio.

Ettore Hag, desde el túnel.

Curioso blog.

Por si a alguien le llama la atención, esta es la versión francesa de "mujeres al borde de un ataque de nervios".

http://leroseetlenoir.blogspot.com/

CODA

DIMARTS 3 D'ABRIL, 19:00 HORES: MANIFESTACIÓ DESDE LA ESTACIÓ DE JESÚS A LA PLAÇA DE LA MARE DE DÉU.

dilluns, 2 d’abril del 2007

Solidaridad con los afectados del metro

Imagínense que un día aciago, un convoy de metro tiene un accidente. Imagínense que 43 personas mueren y otras tantas quedan gravemente heridas. Imagínense que, de toda la red de metro de la ciudad, el accidente afecta a una línea que conecta el centro urbano con ciudades dormitorio en las que vive la clase trabajadora. Imagínense, ¡qué casualidad! que en esta línea de metro, la más antigua, se ha cebado la falta de mantenimiento y la desinversión en equipamiento social, que es el rasgo más notable del gobierno regional. Imagínense que los sufridos usuarios de la línea se han quejado en infinidad de ocasiones de retrasos, fallos de seguridad, masificación, descarrilamientos. Imagínense que nadie les ha hecho caso. Imagínense a 43 familias destrozadas.

Imagínense que nadie asume ningún tipo de responsabilidad política por la tragedia, que nadie dimite. Imagínense que el presidente no recibe a los representantes de los afectados. Imagínense que nadie se siente aludido una vez que ha quedado probado de manera fehaciente que con una inversión de 3.000 euros en balizas se habría evitado el accidente. Imagínense que este gobierno local ha construido obras faraónicas con un sobrecoste astronómico y no pocas comisiones. Imagínense que nadie sabe todavía lo que ha costado la visita del Papa. Imagínense que paralizar la ciudad entera y crear un caos infernal para que un campeón de fórmula 1 se de un par de vueltas cuesta cientos de veces más que lo que costaban las balizas que hubiesen evitado el accidente de metro. Imagínense que las autoridades le encaloman el marrón al conductor del convoy, que está muerto. Se cierra así el ciclo de la tragedia griega. Imagínense a 43 familias destrozadas.

Imagínense que esa panda de babosos, demagogos, corruptos, mentirosos, cínicos, golfos y golfistas, hipócritas, regatistas, gente guapa, chorizos de guante blanco, buitres, centristas de pacotilla, casposos, especuladores, comisionistas, ignorantes, falleros, liberales de boquilla, golpistas, clientelistas, lloricas, fariseos, carroñeros exquisitos y pedigüeños le piden el voto, como cada 4 años, para luego olvidarse de ustedes y sus problemas, de las amas de casa, de las madres trabajadoras, de los vagones de metro abarrotados, de los servicios tercermundistas, de la falta de guarderías, de la masificación en las consultas médicas, de las escuelas es barracones, de los enfermos crónicos, de la escalada de precios de la vivienda. Imagínense a 43 familias destrozadas.

Imagínense que los afectados y sus familias deciden no rendirse.
Imagínense que cuando les pisotean siempre les queda un atisbo de dignidad.
Imagínense que las víctimas necesitan solidaridad y que ni Rajoy, ni Acebes ni Zaplana, ni siquiera la AVT va a acudir.

MARTES 3 DE ABRIL, 19:00 HORAS: MANIFESTACIÓN DESDE LA ESTACIÓ DE JESÚS A LA PLAÇA DE LA MARE DE DÉU.

divendres, 30 de març del 2007

Serie: vidas de santos. Nº 1: Vanessa, dinamitera.


Rosario, dinamitera.


Rosario, dinamitera.
Sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.

Era tu mano derecha
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones,
el anhelo de la mecha.






Valgan estos versos inmortales de Miguel Hernández para honrar la memoria de Santa Vanessa Huguet, que pronto nos dejará otra vez, convencida como está de que el horizonte queda lejos y es preciso esforzarse para alcanzarlo.
Vanessa es enfermera, dinamitera, mujer, impulsiva, sindicalista, fallera, quisqullosa, rebelde y muchas más cosas. También es mi amiga, pero esto es sólo una anécdota.
Congelada en la estampita piadosa, su franca sonrisa brilla con luz propia. El humo de los incendios detrás, la mecha en la mano. Su tosco pañuelo al cuello. Feliz y despeinada.
Así queremos recordarte, Vanessa. Decidida, valiente. Siempre dispuesta a ayudar al compañero en apuros. Siempre capaz de llegar más allá. Implacable con la injusticia.
Vanessa es guerrera, honrada, irritante, currante y tiene mucho genio.
Creo haber dicho que es mi amiga.

Salud, Vanessa.

dijous, 29 de març del 2007

Serie: misterios tediosos. Nº 1: el atasco.


Ocurre que llueve poco en Tonga. Claro, es una isla tan alejada de todo que ni los vientos húmedos llegan. Así que del correo mejor ni hablamos.
Llueve poco en Tonga, pero cada vez que llueve, el temporal suele durar días. En ocasiones, la violencia de las aguas es tal que se producen riadas y desastres.
Hasta aquí, nada anormal. Llega la lluvia, descarga, arrasa y hasta el lustro que viene. Pero hay efectos de la lluvia que la mente humana no llega a poder explicar. Menos aún la tongolesa. Efectos que, sin miedo a exagerar, podríamos calificar de paranormales. Como soy de natural escéptico prefiero hablar de misterios. Misterios tediosos. Ahí va el número 1 de esta nueva serie.

¿Porqué cuando llueve, así sea unas gotitas, las carreteras de Tonga se muestran incapaces de absorber un flujo normal de coches? Veamos. No es cierto que haya más automóviles circulando. Hay los mismos. Por lo menos, los habituales dado el lugar y la hora. ¿Qué tienen unos pocos litros de agua sucia para lograr que los curritos tongoleses lleguemos tarde al trabajo?
Se han barajado muchas hipótesis pero ninguna ha logrado comprobarse fehacientemente. Hay quien dice que el asfalto de Tonga es esponjoso y la lluvia incrementa su viscosidad, de manera que los coches se quedan prácticamente pegados a su superficie. Otos piensan que, como buena conductora que es, el agua capta todo el fluido eléctrico de los semáforos y estos se apagan. Entonces aparecen los guardias urbanos y ahí sí que la hemos cagado, maestro. Incluso he oído decir que los japosesitos que viven en los tubos huecos de los quitamiedos se ponen tan contentos con el agua que salen a pescar, y con las cañas ponen la zancadilla a las ruedas.
Hipótesis, conjeturas, suposiciones. Nada que explique la realidad convincentemente. Así que, convendrán conmigo que esto es un misterio. Un misterio tedioso. El primero de la serie.
Hasta mañana, sufridores.

dijous, 28 de desembre del 2006

Queréis respuestas??

Hola queridos y queridas, ya falta menos... Empiezo a tener ganas de mandar alguna cosita, de responder a algún comentario.

Cómo va tu historia, Desalmada? Y tú, Ferfito? Tengo la impresión de que nuestra postergada fiesta del viernes no acabó de disipar demasiado las brumas... y no sólo porque lloviera.

Usuario anónimo, se me ocurre que sabes demasiado de mí, así que no debes ser tan anónimo... Mmmm... Déjame pensar... No será que tú también escuchas a Federico? Votante pepero ya sabes que no... Yo estoy más por la biodiversidad, y aquí en Tonga las gaviotas son la especie más abundante... Bien lo sabes tú, canalla, que para eso cobras del enemigo! Te conozco, bacalao... Se empieza aceptando un carguito y se acaba vistiendo camisa a cuadritos y corbata azúl... con una varonil pulserita de colorines, eso sí!! Je, je...

En cambio tú, Norte, sí que me desconciertas... La verdad es que no caigo. Alguna pista más?

dijous, 9 de novembre del 2006

Queridos lectores y lectrices, estimados amigos.

No me pasa nada del otro jueves.
Sólo es que estoy en fase de trastorno mental transitorio, por razones más bien prosaicas.
Pronto volveré con nuevas aventuras.
Besos

dimecres, 27 de setembre del 2006

Te ha tocado (VI)

Ettore Hag pide mil disculpas a sus amables y sufridos lectores y lectrices por la extenuante espera.

Debe ser casi de noche en las afueras del buque cuando, a través de sus tripas, acompañado de Oleg G. me dirijo a la cámara frigorífica. La cámara se encuentra cerca de la cocina, porque en un mercante esta pieza suele destinarse a guardar comida congelada, más que cadáveres. A estas alturas, con una duda más que razonable sobre una hipótesis infecciosa, he decidido no montar el numerito dentro del barco y prescindir del traje de astronauta. Por lo menos me pongo guantes, mascarilla y botas, así que a los marineros que me observan con expresión curiosa debo de parecerles de todas maneras un marciano.
Paso por las cocinas. Resisto la tentación de hacer una inspección. Por lo menos, el olor de la cena en preparación es muy agradable. Algunos habitantes de ese monstruo de acero que es un buque de carga esperan ya sentados en las desvencijadas mesas del comedor.

Siempre acompañado por Oleg, que en esta película hace de Igor, el de Frankenstein, llego frente a la cámara frigorífica. Se supone que está sellada desde que colocaron en ella el cadáver de Sasha K. pero el realidad el único "sello" de la puerta es un recorte de papel con unas letras escritas a mano en cirílico. "Cámara sellada. Como si queréis poner el papelín cinco minutos antes de que yo suba al barco, igual da". Un ágil giro de la pesada manivela metálica y la cámara se abre desgarrando el "sello". En su interior, tumbado en el suelo y tapado con una manta, encuentro el cadáver de Sasha K. Los de "Las Cavernas" seguro que escribirán "el cadáver sin vida". Ultracongelado en alta mar, como los langostinos de esa afamada firma tongolesa llamada Pescamona, Sasha K. esboza una mueca burlona. Busco señales. No veo nada extraño en la piel; en cuanto a las mucosas, mejor lo dejamos estar, porque a -18ºC el cuerpo es un bloque de hielo. Trabajo para el forense, aunque cada vez estoy más por la hipótesis de abdomen agudo.

Regresamos al puente de mando. El capitán me ve llegar no sin cierta ansiedad. "A ver si vamos a poder desembarcar o no."

- Master, le digo por nuestra parte está todo en orden. Tienen ustedes la autorización para desembarcar y para que suban personas a bordo. Pueden descargar las mercancías cuando lo consideren oportuno. En cuanto al cadáver de Sasha K. imagino que el juez y el forense deben haber llegado ya. Ellos se harán cargo.

- Harasho, harasho, dice el capitán visiblemente aliviado. Y añade: "tómese una copa con nosotros".

Se la acepto. Spasiva. De la pequeña nevera de la sala de reuniones sale una botella de vodka bien fría. "Has dado en el clavo, colega". Tomamos un vaso, brindamos y lo vaciamos, como les gusta hacer a los eslavos. Cuando trabajaba en el Cáucaso, a veces me recibían por la mañana con café y bombones y cómo no, la omnipresente vodka. El primer chupito entra bien. El segundo mejor. El tercero ya no lo notas. Cuando quiero darme cuenta, estoy charlando animadamente con el capitán y el primer oficial, el que hace de Igor. Brindamos por la travesía, por el mar, por Ucrania, por Tonga, por la familia, por las mujeres, por el difunto.

- Harasho, harasho, kapitansky, digo con voz trémula. Brindo por el tavarich Sasha, buen trabajador y buen marido, gran amigo de la tripulación. приветствия!

Mis palabras en ruso deben sonar convincentes. Aprovecho el momento de distensión para ponerme de pie, agradecerles su hospitalidad y tomar el camino de la salida. Me despiden efusivamente y me regalan un par de botellas de ése elexir de la eterna juventud que es el vodka, como recuerdo de mi visita al Konstantin. Me acompañan a la salida, harasho, harasho. La escalerilla baila cuando la piso, y es extraño, porque en los puertos no suele haber oleaje.

A pie de escalerilla, las botellas tintinean hábilmente camufladas dentro del traje de astronauta, que está guardado en su bolsa. El forense me observa con mal semblante cuando bajo. He tardado mucho, y voy pedal. Pongo cara de póker y me dirijo a la juez:

- Todo en orden. Descartamos cualquier causa infecciosa en el fallecimiento del tripulante. Ninguna restricción por lo tanto en el tránsito de bersonas y bercancías. Y al forense, con chunga: "todo tuyo".

Los becarios de Las Cavernas aún siguen allí.

- ¿De dónde viene el barco?
- De muy lejos.
- ¿Qué transporta?
- Mercancías.
- ¿De qué ha muerto el marino?
- Eso, el forense.

De vuelta a casa, en el coche, voy rogando a San Karl Marx y San Friedrich Engels que no me hagan soplar. La legislación de tráfico se ha endurecido mucho en Tonga. Los agentes de tráfico, que aquí se llaman Pikoletos, disfrutan poniendo multas. En el coche, lentamente al principio, y luego ya con más firmeza, se escucha aquélla vieja canción, "La unión eterna de repúblicas hermanas". Apago la radio, pero la canción no se va. Al final deduzco que soy yo, que estoy en fase de cantos regionales soviéticos.

dimarts, 5 de setembre del 2006

Te ha tocado (V)

(Viene de...)

Pido al capitán la documentación del barco, los certificados sanitarios, las desratizaciones, la hoja de ruta con las distintas escalas y su duración. El capitán, solícito, encarga a Oleg G., su primer oficial, fotocopia de todas las cosas y me las va entregando una por una, no si antes ponerles de manera ruidosa el sello de la empresa. Aparentemente, todo en orden.

El buque ha realizado más de diez escalas en África en el último mes, pero por supuesto nadie ha bajado. Lo dicho: ni banquetes, ni borracheras, ni putas.
- África -dice el capitán- nos da mucho miedo. Los puertos están oscuros de noche. Mucha delincuencia. Nunca bajamos. Sólo desembarcamos en Europa.
- Ya. Y me imagino que tampoco han tenido ningún caso de enfermedad infecciosa con fiebre o erupciones cutáneas durante la travesía, ¿verdad? ("A tí te lo voy a decir", debe pensar el amigo).
- No, claro que no. Ni una simple gripe.

La encuesta epidémica se salda con un buen ramillete de rotundos noes. Hasta aquí nada de particular. Pero observo que el capitán ha enviado sucesivos informes del caso y me pregunto -le pregunto- porqué.
- Es que tras el fallecimiento de Sasha K. yo redacté un primer informe que no recogía los testimonios de algunas personas y por eso lo tuve que rectificar.
- Ya. Hasta cuatro veces. (Capullo: no sólo has hecho cuatro informes sobre lo mismo, sino que encima los has enviado uno tras otro).
- Bueno, usted sabe, este buque es muy grande, trabajamos veintisiete personas en él y no todos nos vemos a diario... Algunos vinieron a contarme cosas cuando ya había informado a la naviera.

Hay otro detalle curioso. Al parecer, los síntomas que condujeron a la muerte a Sasha K. se iniciaron estando todavía atracados en Bicholandia. Según la versión 3 del informe cuádruple, los compañeros le preguntaron si requería ayuda médica y él les dijo que no hacía falta. Los síntomas eran de tipo digestivo y no cedieron con la medicación habitual. Tenía estreñimiento, porque alguno de sus inspirados compañeros le puso un enema. Mmmm... Pudo sufrir cualquier causa de abdomen agudo y el enema lo acabó de "arreglar". ¿Qué ocurriría si, en un buque de carga con un plan de escalas y tareas montañoso y unos tiempos draconianos se declarase un caso de abdomen agudo en alta mar? ¿Regresarían a puerto para poder hospitalizar al marino enfermo? ¿O seguirían adelante, confiando en los hados favorables?
- Capitán, en su informe dice que fotografiaron el cadáver de Sasha K. tal y como lo encontraron, sentado en su camarote. ¿Podría ver las fotos?
- Claro. Las guardé en mi ordenador.
El capitán, muy diligente, enciende su portátil en el que ha guardado las imágenes digitales del tripulante fallecido. Cuando se inicia, en el escritorio aparecen las fotos de unas rollizas chicas rubias en traje de Eva. Aparentemente contrariado, el capitán trata de tapar la pantalla con su cuerpo, disimuladamente, mientras su primer oficial se parte de risa.
En las fotografías, el cadáver de Sasha K. se muestra sentado en una butaca, como dice el informe que lo hallaron, en un equilibrio imposible. No hay que ser un lince para darse cuenta de que la escena ha sido cuidadosamente preparada "post mortem". "Este cadáver estaba en posición de decúbito, vulgo acostado. Sí que os debe de haber costado que aparezca sentado, cabrones".
Por último, pido que me enseñen el cuerpo de Sasha K.

(Seguirá, palabra).

dijous, 31 d’agost del 2006

Te ha tocado (IV)


(Viene de donde ya sabéis)

El día y hora en que atraca el buque, pertrechado con el traje de astronauta y sus complementos, me presento en el puerto. Es verano y son las siete de la tarde. Los pocos trabajadores que quedan están recogiendo el chiringuito. Hace calor y el aire pesa como una losa. Huele a pescado. Mejor dicho, huele a pescadería. Puedo admitir, incluso me gusta, el olor del pescado a la parrilla, pero detesto el olor a pescadería. Me dirijo al muelle donde el Konstantin II lleva un par de horas. Han abierto las compuertas y han sacado la pasarela, pero aparentemente nadie ha pisado tierra. Observo con satisfacción que han aplicado el protocolo y han izado bandera amarilla.

A pie de escalerilla, me abordan dos soñolientos becarios de ese abyecto y panfletístico periodicucho local llamado "Las Cavernas - Diario Decano de la Región Tongolesa". Trato de ser amable.
- ¿Eres de Sanidad?
- Sí. (Admiro tu perspicacia, tu infalible instinto periodístico, bonita: ése don natural que te lleva a deducir que un tipo cargado con un traje de astronauta, en un puerto fantasma, a pie de escalerilla de un barco en el que se ha declarado una alarma sanitaria no es el chico del cátering).
- ¿De dónde viene el barco?
- De África.
- ¿Qué trae?
- No lo sé.
- Y el marinero, ¿de qué ha muerto?
- Tampoco lo sé.
- ¿Vas a autorizar el desembarco?
- Te lo diré cuando baje.

Subo por la escalerilla y me dirijo a un marinero que, pertrechado con casco y traje de faena, observa distraído el muelle desierto. Le pregunto por el capitán. Antes de que le de tiempo a responder (o tal vez es que no me ha entendido), un tipo rechoncho y rubio vestido de capitán desciende de la zona de carga, con cara de perro. Lleva dos horas en puerto y se le adivinan las ganas que tiene de que le dejen empezar a descargar de una vez.
- Who are you?
- Doctor Hag, from the Ministry of Health. Le tiendo la mano cordialmente.
El capitán dulcifica su gesto y me acompaña hasta la sala de reuniones, que es contigua al puente de mando. Subimos en un ascensor cochambroso. "Lo revisarán, supongo" me digo, porque los cartelitos en caracteres cirílicos no me lo aclaran.
La sala de reuniones es un espacio confortable. Está dotada de aire acondicionado. La decoración, tan pasada de moda como cabría esperar. Láminas de madera en las paredes, moqueta verde y pósters grandes de monumentos de Ucrania y otros que han quitado con muy buen criterio antes de que llegue yo, pero cuyo rastro se aprecia en la pared.
El capitán me ofrece refrescos, cerveza o lo que quiera. No, muchas gracias, Es mejor que entremos en materia ya.

(To be continued)

dimecres, 30 d’agost del 2006

Te ha tocado (III)

(Viene de "Te ha tocado II", como el avezado lector habrá averiguado sin duda)

Vamos a ver. El día 7 de agosto, San Cayetano, zarpa un buque de carga del puerto de Chungo-Chungo, en Bicholandia, África occidental. A las pocas horas, ya en alta mar y rumbo a Tonga, un marinero se pone enfermo, al parecer con molestias intestinales. Pese a los atentos cuidados que le dispensa la tripulación, fallece a las pocas horas de zarpar. El primer oficial le encuentra muerto en su camarote, sentado en una butaca. Fotografían el cadáver, sellan el camarote y lo llevan a la cámara frigorífica, que queda también sellada. Avisan a la compañía propietaria del buque, a la aseguradora y anotan todo en la bitácora. El fallecido es electricista, tiene cincuenta y tantos años, no se le conoce enfermedad previa, no se medicaba, llevaba 4 años trabajando en el mismo barco. La tripulación es ucraniana y el barco navega bajo pabellón de conveniencia. Mmmm....

Buena ensalada. Consulto rápidamente mi memoria. Bicholandia: estado precario de África occidental. Compañías multinacionales semipiratas saquean los recursos naturales del país, con la bendición de una corrupta clase política local. El 90% de la población vive en la miseria y a merced de la policía y otras sanguijuelas, de guerrillas sanguinarias y de todo un elenco de enfermedades tropicales de lo más variopinto. No está mal. Malaria, dengue, fiebre de Lassa, Ébola, enfermedad del sueño... La verdad es que hay donde elegir.

El capitán asegura que nadie ha desembarcado en ningún puerto africano. Pero lo cierto es que llevan un par de meses de viaje, desde mediados de junio, y han ido subiendo cargas en distintos puertos... Después de mucho tiempo en el mar, a quién no le apetece estirar las piernas... Venga, total el barrio está muy cerca, sólo será una copa y hasta mañana no zarpamos... El capitán asiente a regañadientes, se lía la cosa y la fiesta acaba de madrugada, cuando el grumete vomita el vodka en el escote de la putilla que intenta cerrar el negocio y aparecen los gorilas del garito y veinte de sus primos. Imagino que el círculo se cierra, los marinos pagan y se largan apresuradamente, a la inglesa, y al gilipollas del grumete lo llevan hasta el barco a collejas.

El buque zarpa al amanecer y el telegrafista comunica al capitán que Sasha, el electricista, se ha quedado durmiendo porque está enfermo. El capitán le contesta de malos modos que él también tiene resaca, le duele todo y sin embargo ahí está en el puente de mando, digiriendo, perdón, dirigiendo la maniobra.

Pero bueno Ettore, no adelantemos acontecimientos... Vayamos al barco, que es lo que toca ahora.

Te ha tocado (II) Perdón por la espera!!

(Viene de la entrada anterior)

Una vez que lo ha endulzado convenientemente y le ha encontrado un envoltorio atractivo, mi jefa entra de lleno en el asunto.

- Verás Ettore, la cuestión es que llega un barco que ha hecho escala en Bicholandia y traen un muerto a bordo. Sabes que en estos casos el personal del Ministerio debe hacer una encuesta de riesgos sanitarios antes de autorizar el desembarco...
- Conozco el protocolo.
- ¡Bien! De eso se trata. (Con un poco de jabón el marrón se desliza mejor). Eres la persona idónea para esa encuesta por tus conocimientos y experiencia, y bla, bla bla.
- Entiendo. Dame toda la documentación y díme cuando y dónde.
- Pues bien, el barco salió a principios de mes de un puerto de Bicholandia, como te digo. A las pocas horas de abandonar tierra africana, murió un marinero. La consignataria ha estado en contacto con el capitán y éste asegura que la muerte se ha debido a causas naturales. Añade que ningún miembro de la tripulación llegó a desembarcar en Bicholandia, ni tampoco en ningún otro puerto africano. Introdujeron al muerto en la cámara frigorífica del buque y siguieron rumbo a Tonga, para desembarcar un cargamento de madera.
- Ya.
- Y el barco arribará mañana a las 3 de la tarde, aproximadamente. Nadie podrá desembarcar hasta que no llegues tú y descartes cualquier riesgo epidémico a bordo.
- Allí estaré.
- Gracias! No esperábamos menos de tu profesionalidad y alto sentido de la responsabilidad. Te has ganado unas cervezas.
- Vale, me conformo con que el estado tongolés siga pagándome el sueldo a fin de mes.

dimarts, 22 d’agost del 2006

Te ha tocado (I)

Me llama mi jefa a su despacho. Me recibe, encantadora, dicharachera, de buen humor pese a ser lunes por la mañana. Me invita a sentarme y me ofrece un pitillo, aún a sabiendas de que no fumo y de que ella tampoco debe hacerlo en un centro oficial.
"Verás Ettore, quería hablar contigo porque tenemos un caso un poco especial y hemos (tú y quién más??) pensado que tal vez eres la persona idónea para esta gestión y bla, bla, bla..."
Demasiado jabón. Esto sólo puede querer decir que mi jefa está a punto de endosarme un marrón.

El marrón, también llamado "brownie", es toda aquella tarea, por lo general poco grata, que el jefe delega en sus subordinados. Tiene la curiosa particularidad de circular de mano en mano, porque lo habitual es tratar de evitarlo. Por ello, el marrón sigue la cadena de mando hasta que alguien comprende que ya no lo puede endosar a nadie, y llegado ese momento, no hay más remedio que comérselo.
El marrón es como un virus que circula de persona a persona. El reservorio principal es siempre el jefe, y la vía de transmisión, como digo, es la cadena de mando. El que adquiere la enfermedad, es decir, aquél que no tiene más remedio que comerse el brownie, se denomina "el pringao". O también: "el pringaíllo de siempre" o "el pupas".
Deglutir un marrón no es fácil. En ocasiones el tamaño es importante. Pueden resultar indigestos e incluso tóxicos. Por ello el repartidor de marrones debe facilitar la tarea de su subordinado tanto como sea posible. En ocasiones hay que espolvorearlo con azúcar glaseado. Es lo que los francófonos llaman un "marron glassé".

Mi jefa ha aplicado la técnica de endoso a las mil maravillas. Ha alabado mi capacidad y eficacia, mi alto sentido de la responsabilidad, mi amor por el deber y por mis camaradas. De ese modo se asegura que el marrón esté lo suficientemente dulce para que pueda asimilarlo sin mayores traumas.

(Continuará en el próximo episodio)

dilluns, 14 d’agost del 2006

Verbenas


Lo bueno de las verbenas de verano es que es verano, y de noche corre una brisilla tan agradable que invita a no acostarse. Y lo malo de las verbenas de verano es lo mal que canta el /la artista invitada. Tan mal que ni tan siquiera la lluvia se atreve a aparecer, con lo bien que vendría, porque no sé si les he dicho que en Tonga estamos en sequía. Total, que si cierras la ventana te quedas sin la brisilla y si la abres te llevas de premio el tostonazo. Porque además, una regla no escrita dice que cuanto peor cante la harpía más decibelios necesita.
Intento contrarrestar el ruido de fuera con música de Mendelssohn, y pongo una de mis piezas favoritas, un cuarteto de cuerdas. Pero los decibelios luchan a brazo partido y las cuerdas acaban enrredándose entre ellas de manera que al final la cuarta del violín está hecha un ovillo con la primera del chelo. Y el contrabajo, harto de que nadie obedezca la pauta que intenta marcar, se sale de la formación.
Total Ettore, relájate y disfruta, son cosas del verano. Quita la música, abre tus ventanas y tu mente al ruido y dedícate a mirar la luna, que en Tonga se ve así de original. Bueno, ¿es esto la luna o es que voy pasado de vueltas?

dijous, 10 d’agost del 2006

Marineros (I)


Antes se decía que los marineros tenían un amor en cada puerto. Los mercantes hacían largas rutas atravesándo océanos, bordeando las costas de África, recalando en tierras inhóspitas y lejanos puertos. Los pescadores pasaban largas noches en vela, soportando el frío y el temporal, capeando los golpes de mar. Viviendo con la angustia de no saber cuál sería el último. De no saber a ciencia cierta si, al fianl del viaje, sus huesos descansarían en un blanco camposanto o si una joven mujer enlutada arrojaría una corona de flores al mar, una mañana de niebla y silencio.

Las escalas eran una fiesta. Una más, porqué no, quién sabe lo que nos depara la vida. Durante las horas en que el buque se aprovisionaba, se estibaba la carga, las alegres cuadrillas de marinos invadían los garitos de los barrios portuarios. Quienes quedaban a bordo para asegurar las tareas básicas miraban con envidia a los que partían. Cuando llegaban a las cuatro calles de siempre, riendo y cantando, las madres honradas encerraban a sus hijas en casa. Los hombres invadían las tabernas con esa sensación de invulnerabilidad que sólo da la pertenencia al grupo. Comían, bebían en exceso y se daban prisa en cerrar las transacciones carnales, porque pronto habría que zarpar sin demora. El capitán no espera a rezagados. En el mar un día es como otro, poco importa la fecha y el santo: hay tiempo para recuperarse de las escalas.

Bata, y Douala, Asmara y Mogadiscio, Livorno y Nápoles, La Habana y San Juan, Valencia, Recife, Hong Kong, Cádiz, Buenos Aires, Vigo, Cartagena de Indias, Guayaquil, Barranquilla, New York y Kingston, Amberes y Hamburgo, Brest, Marsella, Viña del Mar, Bristol y Shangai, La Guaira y Singapur. El mundo en un vaso de alcohol. El día se anuncia con desgana en un burdel soñoliento. Malaria, sífilis, gripe, dengue, anisakis. Calor, frio. Tokyo o Siam, ¿qué mas da?

Aquí en Tonga, los marinos ya no embarcan. Les dan un billete de ida y vuelta por seis meses, vacaciones descontadas, con derecho a síndrome de clase turista. Los mandan a cualquier sitio. Viajes agotadores en un mínimo espacio, escalas sin fin, dietas raquíticas. Llegan a cualquier puerto, embarcan sin demora. El capitán no espera. El armador menos aún.

Un marino viene y me pide consejo porque marcha a Luanda, Angola. Una sociedad anónima lo contrata por seis meses para pescar merluza en el banco africano. Mal están las cosas en Angola, compañero. Le listo un sinfín de vacunas y tratamientos preventivos. Da igual, me dice. En alta mar no hay nada de eso y en puerto no llegaremos a estar. La compañía hace coincidir la llegada del avión con la del buque a puerto. Si pueden evitar que pasemos una sola noche de hotel en destino, con seguridad lo hacen. Ridículos cubiles para descansar, bazofia para comer y mucho trabajar. Y luego, de vuelta al avión. Nada de banquetes, alcoholes ni putas.

Gugui e Indiana


Dicen que los perros se parecen a sus amos. ¿O es al revés? Gugui es guapa, dulce, cariñosa. Cualidades estas que podríamos atribuir a Indiana, si no fuera porque, para poder apreciarlas bien, habría que esperar a que se serenase. En cualquier caso, los dos parecen disfrutar de ese momento, de ese instante congelado gracias a la magia de la fotografía. Seguramente, décimas de segundo después Indiana ya se ha zafado del abrazo y corre sin que nadie le pueda parar, o está encima de Gugui mordisqueándola, o llevándose la ropa tendida. Pero al menos queda constancia de que alguna vez estuvo sentado como un perro educado, posando elegantemente junto a Gugui.